Vivir en coherencia es el mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos/as

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Vivimos la mayor parte de nuestra vida en piloto automático, hacemos cosas y ni siquiera nos cuestionamos el por qué las hacemos ni para qué las hacemos, simplemente las hacemos porque así nos han enseñado, lo hemos aprendido o simplemente creemos que es lo correcto, lo que hay que hacer, lo que se debe hacer. Y vivir así sin saber quien eres y qué quieres pasa tarde o temprano su factura.
Creemos que nos relacionamos con los demás y que lo que ocurre en nuestra vida es la causa de todos nuestros males, nos han enseñado a mirar fuera, pero nadie nos ha enseñado a mirar dentro de nosotros, en nuestro interior. Con lo cual vamos por la vida incompletos, siendo para nosotros un ser desconocido.
Y es que el mundo no es el causante de nuestros males, somos nosotros los que proyectamos el mundo que vemos, vivimos la proyección de nuestros pensamientos, conscientes e inconscientes, y son ellos los que crean nuestra realidad, son la causa no el efecto, no es que según lo que vivo pienso, sino que según pienso vivo.
Además se suma que en realidad no interactuamos con los demás, sino que interactuamos con nosotros mismos en presencia de otros, que hacen de espejo para que veamos en ellos todo lo que forma parte de nosotros, nuestra luz pero también nuestra sombra, para que aprendamos a completarnos y así querernos, valorarnos y cuidarnos para poder querer, valorar y cuidar a los demás.
Cuando aprendí todo esto me di cuenta de lo importante que era vivir en coherencia, poner en armonía lo que se siente, se piensa y se hace.

Cuando tienes un hijo la vida te cambia, pero cuando tienes dos la vida no te cambia el doble sino que el cambio se multiplica.
Los niños son nuestros maestros , ellos saben exactamente que teclas tocar para que tú saques a la luz toda tu sombra, hacen que veas aquello que rechazas de ti para que lo integres y lo ames, y eso fue lo que me pasó a mí, cuando fui madre de mis dos hijos, Claudia y Rodrigo, hubo ocasiones en que conocí la peor versión de mi misma, una que ni siquiera sabía que existía, y sabéis qué? no me gustó nada de nada, así que decidí que no quería ser aquella persona ni un segundo más. Decidí que quería recuperar mi equilibrio, no sabía muy bien cómo, ni entendía qué me pasaba, mis hijos eran mi gran amor y sin embargo yo a veces estaba enfadada, no enfadada con ellos sino enfadada conmigo, algo estaba haciendo mal y no lo estaba viendo…
Finalmente comprendí lo que me pasaba, estaba enfadada conmigo misma porque había dejado de ser yo y de vivir mi vida.
Había asumido yo solita y por voluntad propia todas las responsabilidades disponibles a mi alrededor, trabajo, casa, hijos…, dejé de vivir mi vida para vivir la de los demás y ocuparme de todos menos de mi.
Cuando me dí cuenta de lo que me pasaba lo comprendí y me perdone, ya sabía de donde venía mi rabia y mi frustración, me sentía agotada y ello me hacía enfadarme con todo lo que me rodeaba, no sabía que la causa estaba en mi interior y no en los demás.                 Solo podemos dar aquello que llevamos dentro, y a mí no me gustaba lo que salía de mi en algunas ocasiones, así que decidí cambiar mi interior para que mi vida cambiara.

Poco a poco comencé a prestarme atención y a dedicarme mi espacio, no fue fácil al principio, sobre todo porque vivía muy apegada a mis hijos y a la creencia inconsciente de que yo tenía que estar disponible para ellos en todo momento. Recuerdo que lo primero que hice fue ir a una formación intensiva de un fin de semana, separarme de ellos una noche me costo muchísimo!! pero me obligué, de alguna manera sabía que aquello era para mí un regalo y el comienzo de algo nuevo.
Aquel paso que dí fue decisivo para hacer un gran cambio, en poco tiempo había conseguido recuperar mi vida, mi identidad, aprendí a poner en armonía lo que sentía, pensaba y hacía, comencé a decidir lo que quería en mi vida y me enfoque para conseguirlo, recuperé en definitiva mi Libertad de ser y no de hacer. Y es que pensamos que tenemos que estar todo el tiempo haciendo, pasamos nuestros días queriendo hacer mil cosas y atendiendo un sinfín de obligaciones, pero lo importante de la vida no es hacer, cuando hacemos perdemos energía, lo importante de la vida es SER, ser quien realmente eres y dejar que la vida se exprese a través de ti, cuando conectas con la vida ella te dice lo que tienes que hacer y entonces todo fluye rodeado de magia.

Hoy puedo decir, que vivo la vida que quiero, que yo soy la persona más importante de mi vida, porque si yo no estoy bien no puedo dar lo mejor de mi a los demás, que me respeto, me cuido, me valoro y me quiero por encima de todo, porque así puedo respetar, cuidar, valorar y querer a todas las demás personas.
He aprendido que vivir en coherencia sana nuestra alma, que tenemos que aprender a escucharnos, que lo más importante en esta vida es respetar la maravilla que somos y no dejar ni por un solo instante que se apague nuestra luz, porque si nosotros dejamos de brillar todo a nuestro alrededor se quedará a oscuras.
Que nuestra vida es un reflejo de aquello que llevamos dentro y aquello que llevamos dentro es lo que damos a los demás, que si queremos tener hijos felices, independientes, libres y llenos de amor, nosotros tenemos que ser la viva expresión de todo ello.

Ahora hago todo lo que siento y me respeto profundamente, no hago nada que no sienta, porque sé que si no lo siento no va lleno de amor y no voy a dar nada a los demás que no lleve lo mejor de mi.
Sé que mis hijos no aprenderán de lo que les diga sino de lo que vean en mi y en su padre, porque somos su ejemplo y yo decido que mis hijos sean personas felices, que se sientan realizadas, personas libres, entusiasmadas y llenas de amor por ellos y por la vida, así que eso hago cada día, para que ellos lo vean y lo aprendan, soy plenamente feliz, me doy todos los permisos que necesito sin dar a nadie ninguna explicación más que a mi misma, me siento libre y llena de amor, en equilibrio conmigo y con la vida.

Cuando tus hijos ven que eres feliz ellos se llenan de esa felicidad que tú sientes, estés o no estés con ellos, la conexión con nuestros hijos no es solo con el cuerpo, la conexión con ellos se establece a través de un hilo preciso que comunica corazón con corazón, así que aquello que sientas en tu corazón será lo que ellos sientan en el suyo.

Cuando vives en coherencia ellos te expresan lo felices que son y el amor que les llega, así me lo expresan mis amores cada día, como en este mensaje que me regaló mi princesa.

carta claudiaGracias, Gracias, Gracias a la vida por tanto y tan bueno…

Mari Carmen Ruiz Fortes

Vocación & Talento

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