En el instante presente, la permisión y aceptación cura todas las heridas

heartRipples

Ya me habían dado fecha para una cesárea programada en la semana 39, era mi tercera cesárea y no estaba muy de acuerdo con ella, ya tenía heridas emocionales de las dos anteriores por no haber podido coger ni tocar a mis hijos al nacer, simplemente verles y como mucho darles un beso cuando me los acercaban mientras estaba inmovilizada con los brazos en cruz, para mi había sido muy doloroso, perder el contacto con ellos y tener que estar en recuperación 3 o 4 horas sin haber podido tocarles ni abrazarles, estuve preguntando para ver que posibilidades había de que mi hijo permaneciera conmigo si yo me encontraba bien, pero por lo visto no había otra forma, así son las cesáreas en la mayoría de hospitales, no hay una sala de recuperación para las mamás con cesárea en la que puedan estar acompañadas de su pareja y su bebé, algo que para mi era incomprensible, esas horas en las que estás sola recuperándote de la intervención, sin nadie de tu familia a tu lado y sobre todo sin tu bebé, no entendía por qué tenía que ser así.

Yo me había empeñado en que no quería que me programaran la cesárea, quería ponerme de parto como en los anteriores y ver qué pasaba sobre la marcha, dar la oportunidad a que mi cuerpo decidiera si era cesárea o no, ya que mi sueño era poder tocar a mi hijo nada más nacer y no volver a vivir la frialdad de una cesárea, pero cada vez que lo proponía me decían que no era aconsejable después de dos cesáreas anteriores, que podía hacerlo bajo mi responsabilidad pero que había riesgos de rotura de útero durante el trabajo de parto.

Tenemos que decidir siempre aquello que nos lleve a la tranquilidad, y en este caso mi tranquilidad se quedaba en que  no le pasara nada a mi hijo ni a mi, con lo cual aunque mi mente me decía que no dejara que me programaran la cesárea, mi corazón me decía que si la vida mi invitaba a cesárea yo no iba a ser quien decidiera lo contrario por querer llevar la razón,  ya que rechazarla tampoco me llevaba a la tranquilidad, así que decidí dejarme llevar por la vida y que esta me indicara el camino, cuando la vida no nos da algo o no sucede, siempre es para evitarnos un sufrimiento mayor,  así que decidí fluir en lugar de resistirme.

La mañana que ingresé en el hospital todavía estaba realizando mi trabajo de aceptación, yo lo llamo permisión más que aceptación, dar permiso para que suceda lo que está sucediendo, sin resistencias, sin rechazo ni juicio, simplemente permitir que la vida se exprese a través de ti mediante las experiencias que te trae en cada instante,  me dispuse a vivir mi cesárea con amor, pensando que era lo mejor y confiando en que sería diferente a las anteriores si yo la vivía de forma diferente, permitiendo y confiando, cuando cambiamos nuestra percepción del mundo el mundo cambia así que cambié mi idea de lo que era una cesárea, y pensé que era una forma más de dar a luz, ni buena ni mala, ni correcta ni equivocada, simplemente iba a ser mi experiencia de vida en aquel momento, igual que lo habían sido las dos anteriores.

La vida es muy sabia y siempre nos lleva a vivir aquello que tenemos que sanar, aquello que tenemos que aceptar y vivir con amor, las experiencias que vivimos y rechazamos siempre nos invitan a un aprendizaje, pero no siempre lo aprendemos a la primera, y claro viene una segunda y si tampoco lo aprendemos una tercera como ocurrió en mi caso, está claro que algo tenía yo que aprender cuando la vida me ponía delante la misma situación tres veces. En  esta ocasión decidí que no iba a rechazar mi experiencia de vida, porque si era así era para algo y además era lo mejor que me podía pasar, de eso estaba segura, así que confié y me dispuse a vivir el único instante que tenemos para vivir y ser felices, el aquí y ahora, porque en definitiva cada instante de tu vida y cada experiencia es la única oportunidad que tienes para vivir, sanar, ser feliz y amar, cuando no estás en el instante presente estás en la mente, y ahí nuestros pensamientos, creencias, programas mentales y juicios toman el control de nuestra vida y nos alejan de la tranquilidad, yo sabía que no quería estar ahí y así lo decidí, mantenerme presente pasara lo que pasara.

Lo que nunca imaginé es que viviría la experiencia más bonita, tierna, sanadora y llena de amor que había vivido hasta el momento.

Cada día doy las gracias a la vida y al equipo de quirófano, sobre todo al anestesista, gracias a ellos pasé de recordar mis cesáreas anteriores como experiencias dolorosas a vivir la tercera como lo más bonito que he vivido, borrando todos los malos recuerdos anteriores y llenándolos de amor.

Aquella mañana camino del quirófano iba feliz, en pocos minutos conocería a mi pequeño y podría verle, estaba relajada y tranquila yo diría que llena de una paz y confianza absolutas. Estaba dando permiso a la vida para que se expresara a través de mi sin ninguna resistencia.

En el quirófano aquella mañana se respiraba amor, el equipo era  muy cariñoso y atento, todos/as con una sonrisa y buenas palabras, incluso entre ellos se percibía un gran compañerismo y amor por su trabajo, sin duda estaban dando lo mejor de ellos mismos en aquel momento. El anestesista cuando me estaban preparando y colocando todos esos aparatos que te ponen en los dedos y manos para controlar las constantes vitales,  pidió que me dejaran la mano derecha libre, y que lo concentraran todo en la izquierda, a mi me llamó la atención aquello pero no sabía ni mucho menos el regalo que me esperaba. Cuando la matrona me trajo a mi hijo el anestesista me liberó el brazo derecho, ufff todavía me emociono y lloro al recordarlo…, ¡¡pude abrazar y tocar a mi hijo!!  Para mi aquello fue un milagro, un regalo, un sueño hecho realidad, tener mi mano libre y no estar inmovilizada, poder acariciar la carita de mi niño suave como el terciopelo, besarle, tocar sus manitas y apretarle contra mi cara mientras le decía ahora después, en unas horas nos vemos mi amor. Mi hijo que no había parado de llorar desde que lo sacaron, se quedó en silencio cuando yo le toqué y le hablé, y para mi fue un instante de mi existencia que recordaré siempre, porque lo viví con atención plena,  y cuando estás en atención plena estás viviendo en el amor y no en el miedo, cuando vives en el amor todo es perfecto, y entonces ocurren los milagros, la vida siempre es perfecta, aquello había sido perfecto, precioso y único, nunca pensé que diría esto pero ahora puedo decirlo, mis tres cesáreas han sido lo mejor que me ha pasado en la vida porque gracias a ellas hoy mis hijos y yo estamos bien, por eso gracias, gracias infinitas  por todas y cada una de las experiencias que he vivido, vivo y viviré, gracias a la vida por expresarse a través de mi y por ayudarme a comprender y experimentar lo que es la permisión y aceptación ante algo que era doloroso para mi, al final te das cuenta de que lo único que tienes que hacer es dar permiso a la vida para que se exprese a través de ti con cada una de las experiencias que te trae, cuando lo haces y vives en el instante presente algo cambia y te trasladas a otro lugar de paz absoluta, donde todo es perfecto, absolutamente perfecto, porque en el aquí y ahora solo existe una cosa, solo existe el AMOR!!!

La vida nos ofrece infinitas posibilidades para vivir experiencias,  nosotros  decidimos  si las vivimos desde el amor o desde el miedo, cuando vives en el amor puedes ver la perfección, cuando vives desde el miedo sufres porque sabes que no estás viendo con claridad…

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS siempre por cada instante de mi vida!!!

Vocación & Talento

Mari Carmen Ruiz Fortes

 

 

 

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